13-02-2012
F. JIMÉNEZ LOSANTOS
En la presentación de
mi libro El Linchamiento di por fracasado el intento de fundar un nuevo régimen
que liquidaba el constitucional de 1978 y cuya base era la manipulación de la masacre del 11-M. En
mi libro cuento algunos episodios de los que fui testigo directo que evidencian
el proyecto de una dictadura al estilo mexicano del PRI con un cuate a lo
Maximiliano. No era un proyecto preciso, porque se fue improvisando sobre la marcha, pero los hechos
demuestran que el fin estaba claro y medios no faltaron. Tal vez, como
escribieron algunos, pequé de optimismo al proclamar su derrota. O tal vez proclamé
su derrota para alimentar el optimismo. Como se trataba de un golpe inconfesable,
nada le hace más daño que la
luz. Y la catastrófica gestión de los últimos años de ZP ha
hecho difícilmente viable la
continuidad del proyecto. Falta desenmascararlo del todo y
destruirlo.
Porque la base del
cambio de régimen sigue ahí: la corrupción legal e institucional de no pocos
partidos políticos, jueces, policías y medios de comunicación. El Estatuto de
Cataluña es la máxima
prueba de su triunfo legal… contra la legalidad. La negociación
con la ETA,
confesada con todo detalle por Eguiguren y cuya prueba máxima es el caso Faisán,
es la máxima demostración
de su terrorífico alcance real. En realidad, lo del Faisán -colaboración con la ETA, traición a las víctimas
del terrorismo, corrupción policial y judicial, absoluta complicidad mediática-
es la demostración de
que en España ha habido dos policías, la nacional y la del PSOE, jueces por la legalidad y contra
ella, e instituciones dispuestas al cambio de régimen a cambio de mantener negocios
personales. Es como si toda la
España oficial fuera una caja de ahorros en trance de fusión,
con los directivos dispuestos a cambiar de caja con tal de mantener sus sueldos.
Todo reposa en la
corrupción de la legalidad. Por eso, la clave del cambio de
régimen sigue siendo el 11-M. Por azares del destino, el que en el PP antes vio
y abrazó el cambio de régimen es hoy quien debería destruirlo: Gallardón, con
Mariano Rajoy por arriba y Torres Dulce por debajo. El primer golpe del 11-M
fue la manipulación de
la masacre. El
segundo, la sentencia.
El tercero, impedir mediante una fechoría judicial que se
juzgue a Manzano y los implicados en la manipulación de
pruebas, base del golpe primero. Si Gallardón no desbarata el tercer golpe, rectificaré:
ha triunfado el primero.
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