DigitaLandscape Estudio Creativo
http://e-pesimo.blogspot.com/ 2008/06/ dezcallar-y-el-11-m-ascensos.ht ml
EL GOBIERNO DEL PSOE
PREMIA CON LA EMBAJADA DE
WASHINGTON AL HOMBRE QUE INDUJO AL GOBIERNO DEL PP AL MAYOR PATINAZO DE LA HISTORIA DE NUESTRA
DIPLOMACIA
Dezcallar dijo a Ana
Palacio el 12-M que había acertado al acusar a ETA
FERNANDO MUGICA
MADRID.- El Gobierno
ha nombrado embajador en Washington al hombre que el 12 de marzo de 2004 avaló,
como director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), a la entonces ministra
de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, en su denuncia ante la ONU de que ETA era la autora
de los atentados del 11-M.
El mismo día de la
masacre, Palacio habló con Jorge Dezcallar al menos en siete ocasiones y
consiguió que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas suscribiera una clara
condena a la banda terrorista como responsable de los atentados.
Pocas horas después, a
las dos de la madrugada del día 12, la ministra despertó al director del CNI,
abrumada por la responsabilidad del paso que había dado en el Consejo de Seguridad.
Sigue en
A esas horas,
Dezcallar ya le había confirmado en varias ocasiones que la opinión del CNI se
inclinaba por ETA, y en esa conversación restó credibilidad a las pruebas
aparecidas que apuntaban a los islamistas.
Además, a primera hora
de la tarde había enviado una nota al Gobierno afirmando la casi seguridad de
la autoría de la banda. Es más, en el Centro Nacional de Inteligencia, y así se
lo hicieron saber a miembros del Gobierno, pusieron en duda, en las primeras
horas tras los atentados del 11-M, que los autores materiales a los que
señalaba la Policía
fueran los culpables de la masacre.
Jorge Dezcallar fue el
que más firmeza demostró en este sentido. Apostó fuerte porque conocía el
terreno que pisaba. Las redes islamistas que denunciaba la Policía estaban
absolutamente controladas por el CNI. Resultaba prácticamente imposible que les
hubiera pasado desapercibida una trama como la del 11-M. ETA estaba también
infiltrada, pero siempre podía haber un grupúsculo fuera de control. Los
razonamientos de sus analistas eran muy claros.
Los ordenadores del
CNI trabajaban sin descanso en aquellos primeras jornadas para cruzar los datos
de presos islamistas y etarras de cara a comprobar dónde, quiénes y cuándo
habían coincidido. La idea de una posible colaboración entre ambos grupos se
había extendido en los ambientes de Inteligencia en el último trimestre de
2003. A pesar de que fue la tesis defendida por Felipe González, nunca
consiguieron pruebas de que fuese cierto.
Ni Jorge Dezcallar, ni
Ana Palacio ni el ministro de Defensa, Federico Trillo, fueron convocados a las
primeras reuniones de crisis, tras los atentados. El director del CNI casi lo
agradeció.
Había salido ya a la
luz la furgoneta Kangoo, la que llevó, según la sentencia, a la pista islamista
por una cinta de audio con versículos del Corán. Aquello de la cinta le pareció
a Dezcallar una majadería y así se lo hizo saber a quien le preguntó. Desde el
primer momento, puso en duda que se encontraran allí detonadores y restos de
pólvora. ¿Qué clase de terroristas eran aquéllos? ¿Cómo dejaban esas trazas si
no se habían suicidado y, por tanto, podían seguir atentando? ¿O es que acaso
querían que la Policía
los detuviera? No tenía ni pies ni cabeza.
Por eso puso tanto
énfasis al declarar: «Yo me he enterado de su existencia por los medios».
Quería marcar distancias.
Su información al
Gobierno avaló la iniciativa de Palacio ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Los firmantes de la
declaración representaban a los nueve países más poderosos y, por tanto, con
los mejores servicios secretos del mundo.
De hecho, la ministra
ya había hablado por teléfono con el secretario de Estado estadounidense, Colin
Powell, y la consejera de Seguridad, Condoleezza Rice, quienes le aseguraron no
tener ningún dato de que Al Qaeda estuviera detrás de los atentados. Palacio
era consciente de que el Consejo no había firmado la resolución por sus dotes
de convicción o por su predicamento, sino porque los informes secretos de los
nueve países coincidían en aquellas primeras horas: tenía que haber sido ETA.
La resolución se tomó
por unanimidad. Si hubiera habido cualquier duda en alguno de esos países no
habría salido adelante, dijera lo que dijera la ministra española.
Sin embargo, en la
madrugada del 12-M la ministra no podía dormir. Estaba en juego no sólo el
prestigio del Gobierno de España, sino también el suyo propio. Y es que un
detalle le había desasosegado por la tarde. Era amiga del director de The Wall
Street Journal desde hacía tiempo y por eso consideró que podía ser apropiado
enviarle un artículo, firmado por ella, en el que se destacara la gravedad de
lo sucedido y la monstruosidad que, en teoría, había cometido la banda etarra.
Poco después de que se lo mandara, le llamó el propio director del diario para
decirle: «Somos amigos desde hace tiempo. Por tu propio bien no vamos a
publicarlo. Tenemos informaciones de que ha sido cosa del terrorismo islámico».
Palacio le contestó,
algo molesta, que comprendía que a los americanos les viniera bien que la
autoría fuese islamista. Era un año de elecciones en Estados Unidos y la Administración Bush
estaba encantada de airear las maldades de Al Qaeda para recordar a sus
votantes los atentados del 11-S, en Washington y Nueva York.
El director le dio
algunos detalles que nadie podía saber entonces. Le explicó que ellos tenían
sus propias informaciones, que iba a surgir una reivindicación islamista en
Londres y que le hiciera caso.
Ana Palacio seguía
dándole vueltas a todo aquello a las dos de la madrugada, casi a la misma hora
en que teóricamente encontraban en la comisaría de Puente de Vallecas la
mochila que sería determinante para que la Policía afirmara la culpabilidad de los que en
pocas horas serían detenidos.
La ministra tenía una
enorme consideración profesional hacia Jorge Dezcallar. Conocía la frialdad
atinada de sus análisis, sobre todo en momentos de crisis. Por eso le llamó
nuevamente y le sacó de la cama. Ya antes había hablado con él de la aparición
de la furgoneta Kangoo en Alcalá, a la que Dezcallar le había quitado cualquier
importancia.
Palacio le dejó claro
que le llamaba como responsable del CNI y como experto. Le pedía información de
forma oficial. Quería argumentos de autoridad. Dezcallar le tranquilizó por
enésima vez de forma tajante: «En este tipo de atentados existe lo que nosotros
llamamos ruido en el sistema. A veces estas informaciones no se saben analizar
adecuadamente hasta que el hecho ha sucedido. Te puedo asegurar que he hablado
con todos los servicios de Inteligencia importantes y nadie ha oído ningún
ruido sobre este atentado concreto».
El CNI supo
inmediatamente que Tel Aviv opinaba que el rey de Marruecos tenía la suficiente
soberbia e infantilismo como para ser sospechoso, pero que aquello le
sobrepasaba. No hubiera sido capaz, según los expertos israelíes, de dominar la
estrategia y las consecuencias.
Dezcallar le insistió
a Ana Palacio que alrededor de los atentados había un black out (oscuridad)
total -fueron sus palabras textuales-. Por supuesto que el 27 de octubre de
2003 el CNI ya había avisado en un documento de la creciente hostilidad de Al
Qaeda hacia España y la posibilidad de que hubiera en nuestro país células
durmientes. Pero le añadió que los que se habían hecho responsables de las
explosiones a través de un periódico en árabe editado en Londres eran unos
cantamañanas sin credibilidad, y le citó el ejemplo de que habían reivindicado
también el apagón de Nueva York. Le dejó meridianamente claro que, aunque a
esas horas no descartaban ninguna posibilidad, ellos se inclinaban mayoritariamente
por ETA. Podía tirarse tranquilamente a la piscina.
La ministra se fiaba
absolutamente del criterio de Dezcallar. Sabía que el CNI tenía perfectamente
controlada la red de marroquíes y argelinos que se movían por los locutorios de
Lavapiés. Las credenciales del servicio secreto para dominar el terreno no
podían ser mejores. Jorge Dezcallar, el primer civil nombrado como director del
Centro, en 2001, y el primero que ostentó el cargo de secretario de Estado, era
un verdadero especialista en el Magreb.
Había llegado de la
mano del Rey. No era un hombre de Aznar, pero éste no dudaba de su competencia
en materia de terrorismo islamista. La ministra conocía que acababa de
simultanear el cargo de embajador en Rabat con el de jefe de antena del CNI en
Marruecos. No era un paracaidista. Llevaba muchos años en esos menesteres.
Y con esa tranquilidad
se metió la ministra, definitivamente, en la cama. Antes de dormirse, Ana
Palacio enumeró mentalmente todas las veces que Dezcallar había asegurado, en
las últimas reuniones mensuales de seguridad, los seguimientos en Lavapiés y en
las mezquitas, la infiltración en asociaciones y pisos dormitorio, el control
en locutorios, carnicerías y peluquerías. Tenían a sueldo a los individuos más
destacados en relación a las corrientes islámicas radicales.
Por eso, tras los
atentados del 11 de Marzo produjo estupor a los responsables de la Inteligencia la
inmediata captura de los responsables y la aparición fulgurante de las pruebas
en el mismo entorno que ellos más controlaban.
Sea como fuere, quien
podía tener información más exacta sobre el tema llevó esa noche a la ministra
por el camino contrario al que en pocas horas se consolidaría como verdad
oficial incuestionable. La propia ministra reconocería más tarde que al Gobierno
le habían proporcionado las Fuerzas de Seguridad -sin referirse a nadie en
concreto- informaciones «no veraces e incompletas».
No caben más que dos
explicaciones. O Dezcallar mentía abiertamente, cosa que nadie puede pensar en
su sano juicio, o decía la verdad y después no tuvo más remedio que adaptarse a
la postura oficial, por las razones de Estado que unificaron todos los
criterios.
Dezcallar demostró
mala memoria al declarar ante la
Comisión del 11-M del Congreso en julio de 2004. Desmintió,
eso sí, que hubiera habido imprevisión de la Inteligencia española
respecto a un posible ataque islamista y se desvinculó de la autoría de Al
Qaeda. Pero, al contrario de lo que había asegurado a la ministra de
Exteriores, explicó que la pista etarra se fue disipando por las pruebas que
fueron apareciendo, como la furgoneta de Alcalá, la tarjeta telefónica y la
reivindicación a través de una cinta de vídeo.
Afirmó también que el
CNI había quedado «fuera de juego» en las primeras investigaciones del Gobierno
sobre los atentados y que no fueron invitados a ninguna reunión hasta el día 16
de marzo. Dejó patente, tras los atentados, que el Gobierno y la Policía habían marginado
al CNI de sus primeras investigaciones.
A Dezcallar le
ascendieron muy pronto, en junio de 2004, a las alturas vaticanas como
embajador. En Roma vivió momentos angustiosos, como la muerte de su mujer, y
momentos de alegría, como la boda de su hija. En realidad, no era un ascenso.
Suponía el fin de su carrera profesional en Inteligencia. En el semestre
anterior habían matado a todos sus hombres en Irak. Desde el 11-M, tendría que
soportar para siempre la pesada carga de no haber sido capaz de evitar los
terribles atentados.
Le sirvió de consuelo
que el día que se marchó del Centro, y a pesar de los compañeros asesinados en
Irak, recibió la más estruendosa ovación que se había escuchado nunca. Como
buen profesional, todos los secretos, incluidos los del 11-M, se los llevará a
la tumba. Resulta paradójico que al hombre al que los terroristas vencieron en
su propio terreno de forma tan ostentosa el Gobierno le premie ahora con el
puesto más prestigioso que puede alcanzar un diplomático.
A su número dos, María
Dolores Villanueva, la mujer que más alto había llegado en el servicio secreto,
el Gobierno entrante le reservaba un destino más desagradable. Se enteró de su
cese cuando una mañana llegó a su despacho y, al intentar abrir su ordenador,
se dio cuenta de que le habían clausurado las claves para llegar a los informes
delicados.
LA EMBAJADA MAS DESEADA
Junio/1978 - Julio/82
José Lladó y Fernández-Urrutia: fue ministro de Transportes y Comunicaciones.
Julio/1982 -
Febrero/1983 Nuño Aguirre de Cárcer: era embajador en Bélgica y ante el Consejo
del Atlántico Norte.
Febrero/1983 -
Enero/1987 Gabriel Mañueco: era secretario de Estado de Exteriores.
Enero/1987 -
Marzo/1990 Julián Santamaría Ossorio: era director del Centro de
Investigaciones Sociológicas (CIS).
Marzo/1990 -
Junio/1996 Jaime de Ojeda y Eiseley: era embajador de España ante la OTAN.
Junio/1996 -
Junio/2000 Antonio de Oyarzábal Marchesi: era embajador en Dinamarca.
Junio/2000 -
Junio/2004 Francisco Javier Rupérez Rubio: fue embajador de España ante la OTAN.
Junio/2004 -
Junio/2008 Carlos Westendorp y Cabeza: fue ministro de Asuntos Exteriores.
11-M / LOS PROTAGONISTAS
ASCENSOS, PROMOCIONES Y SUBIDAS DE SUELDO
LOS CARGOS QUE MANEJABAN LA INFORMACIÓN RELEVANTE
DEL 11-M MEJORARON SU SITUACIÓN PROFESIONAL CON EL GOBIERNO DEL PSOE
EL MUNDO
MADRID.- El
nombramiento de Jorge Dezcallar como embajador de España en Washington y
representante diplomático del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ante la Administración Bush
es el último y el más representativo de una cadena de ascensos, promociones y
subidas de sueldo con los que el Ejecutivo socialista ha recompensado a algunos
cargos que tuvieron una participación relevante en la gestión de la información
vinculada a los atentados del 11-M.
Cada uno de los
destacados junto a estas líneas tuvieron acceso, antes, durante o después de la
matanza, a datos, documentos o informes cuyo conocimiento podía haber
facilitado una determinada estrategia de acción política y de control de la
opinión pública. La información fue un factor que el PSOE manejó con indudable
éxito para obtener la victoria en los comicios generales de 2004 y para
consolidar determinadas convicciones en la legislatura que siguió. Quizá sea
una casualidad, pero todos ellos han promocionado personal o profesionalmente.
En algunos casos, como
el de Telesforo Rubio o Félix Hernando, todos los caminos conducen además a
señalar los indudables indicios que les vinculan con el Partido Socialista. El
primero se negó a contestar en la
Comisión de Investigación del Congreso si había participado
en la elaboración del programa electoral del PSOE; tras el 11-M, fue ascendido
a Comisario General de Información para coordinar todas las investigaciones que
se incorporaron al sumario de la matanza, y ahora disfruta en Moscú de uno de
los destinos mejor pagados de la
Policía.
El reciente ascenso a
general de Félix Hernando es un caso palmario de que los servicios se pagan.
Estrecho colaborador de la cúpula de Interior condenada por los GAL, fue
juzgado (y absuelto) por llevar a Suiza maletines con fondos reservados a las
esposas de Amedo y Domínguez. Después aparece en el 11-M como máximo
responsable de la UCO ,
encargada de controlar a uno de los personajes clave: Rafá Zouhier, que podía
proporcionar información tanto de la banda de El Chino como de la trama
asturiana. En el juicio, los responsables de la Comandancia de Oviedo
acusaron a Hernando de mentir cuando intentó lavarse las manos.
Otros cargos no han
recibido prebendas tan evidentes, pero también se han visto beneficiados. Es el
caso de Carlos Corrales, que era el máximo responsable de la Comisaría General
de Policía Científica. Fue el encargado de dirigir las investigaciones sobre
los explosivos y, entre otros puntos, sobre la polémica furgoneta Kangoo. Ahora
está en el Consejo Asesor de la
Policía.
En la carrera fiscal
también ha habido quien ha crecido. La misma Olga Sánchez, por ejemplo,
ascendida al Supremo. O Pedro Martínez Torrijos, el fiscal del caso del ácido
bórico, que ha realizado una auténtica defensa de los mandos que manipularon un
informe para evitar que en el sumario se vinculase a ETA con el 11-M, aunque
fuese muy colateralmente. Antes, representó al Ministerio Público en el caso de
las sedaciones del hospital Severo Ochoa de Leganés, también para pedir la
absolución del doctor Montes. Ahora, Martínez Torrijos ha ascendido a la Audiencia Nacional.
JORGE DEZCALLAR
Era el director de los
servicios de Inteligencia cuando tuvo lugar la Guerra de Irak, cuando
siete agentes del CNI fueron asesinados en una emboscada en Bagdad y cuando se
produjo el 11-M. En la
Comisión de Investigación, reveló datos que fueron utilizados
para criticar al ex presidente Aznar (como que el CNI barajó desde el principio
la pista islamista o que se les dejó «fuera de juego» en la investigación).
Tras la victoria electoral de Zapatero, fue designado embajador en El Vaticano,
uno de los destinos de mayor prestigio. Después, fue director internacional de
Repsol YPF y ahora, embajador en Estados Unidos, la más importante de las
misiones diplomáticas.
OLGA SANCHEZ
La fiscal del 11-M se
volcó más allá de su obligación profesional en la defensa de las tesis
oficiales y en el ataque, en ocasiones, a las discrepantes. La que ella
representaba fue la única parte que pudo participar en la formación del sumario
de la matanza, proponiendo, impulsando y supervisando pruebas, ya que el juez
Del Olmo mantuvo el secreto hasta el final de la investigación. Fracasó en su
intento de vincular la matanza a la red islamista Al Qaeda a través de tres
supuestos líderes intelectuales, que resultaron absueltos, pero, aun así, fue
ascendida después del juicio a la
Fiscalía del Tribunal Supremo, puesto al que aspiraba desde
hacía años.
JOSE MANUEL GARCIA VARELA
Era el responsable de
los servicios de Información y la Policía Judicial de la Guardia Civil en el
11-M. Ahora, ascenso tras ascenso, ocupa la dirección adjunta y la subdirección
operativa del Instituto Armado. Es el máximo responsable de la Guardia Civil , sólo
por debajo del mando único. En la
Comisión de Investigación, descartó que pudiese existir
ningún vínculo entre ETA y el comando islamista que perpetró los atentados,
aunque también reveló que, en los días previos a las elecciones, nunca se
descartó del todo la pista etarra, y que la islamista no fue prioritaria hasta
el mediodía del 13-M.
FELIX HERNANDO
Dirigía la Unidad Central
Operativa (UCO) de la
Guardia Civil en el 11-M. Rafá Zouhier, condenado por poner
en contacto a Emilio Suárez Trashorras con la banda de El Chino, era uno de sus
informadores. Ha sido ascendido hace unos días por decisión del ministro del
Interior Alfredo Pérez Rubalcaba, ahora que ocupa de forma interina la cartera
de Defensa. Un informe de la
Comandancia de Oviedo acusa a Hernando de mentir en el juicio
y en la Comisión
parlamentaria cuando dijo que dejó de investigar la trama de los explosivos en
2003. Fue juzgado y absuelto por entregar maletines con fondos reservados de
Interior a las esposas de Amedo y Domínguez.
MARIANO RAYON
El día del atentado
era el comisario responsable de la Unidad Central de Información Exterior (Ucie),
encargada de investigar las tramas islamistas. Su unidad fue la que se hizo
cargo de las investigaciones sobre los atentados tras descartarse la pista de
ETA. Fueron sus subordinados los que localizaron al ahora condenado Emilio
Súarez Trashorras como implicado en la trama. En el juicio reconoció que el
seguimiento a El Tunecino se mantuvo hasta el mismo 11-M. Tras las elecciones
fue enviado a trabajar a una embajada, la de Roma, una de las mejor valoradas.
Es uno de los responsables policiales de la etapa anterior que mejor salieron
parados.
MIGUEL ANGEL SANTANO
Era el responsable de la Policía Científica
de Madrid. Como tal, su equipo recibió y analizó la polémica furgoneta Kangoo,
donde aparecieron las primeras pruebas que empezaron a inclinar la opinión
pública a decantarse por la pista islamista. Tras las elecciones de 2004
ascendió y ahora ocupa el máximo rango dentro de la Comisaría General
de Policía Científica. Cuando ya ocupaba este cargo, varios mandos a sus
órdenes manipularon un informe que se iba a incorporar al sumario de la matanza
para evitar una mención que vinculaba colateralmente a ETA con el 11-M. Por
ello, está pendiente de sentencia en el caso del ácido bórico.
TELESFORO RUBIO
Era un comisario zonal
de Madrid. Tras el 11-M, pasó a hacerse cargo de la Comisaría General
de Información, desde donde pilotó todas las investigaciones policiales sobre
la masacre tras las generales. Apenas un mes después de acceder al cargo,
compareció ante la Comisión
parlamentaria. Se negó a aclarar si preparó en la sede del PSOE su
comparecencia y si había participado en la elaboración de una parte del
programa electoral de los socialistas. También se le relaciona con el chivatazo
a la trama de extorsión de ETA. Ahora ha sido destinado a la embajada de España
en Moscú como agregado de Interior, uno de los destinos mejor pagados en la Policía.
PEDRO LAGUNA
Era coronel y jefe de la Guardia Civil de
Asturias cuando estalló el 11-M. Fue ascendido a general por el Gobierno del
PSOE, poco después de que se cerrara la Comisión de Investigación del Congreso. Es el
actual responsable de la
Guardia Civil en Castilla y León. La Unidad Central
Operativa (UCO) le remitió en 2003 un informe sobre la trama de los explosivos
que controlaban Toro y Trashorras, pero él decidió no investigarlo, sin
transmitirlo a sus subordinados. El documento sólo fue revelado meses después
del 11-M, ya después de que Laguna hubiese abandonado su destino en Asturias.
DOS JUECES Y DOS ESTILOS
MADRID.- El juez
Javier Gómez Bermúdez es, sin duda, la persona a la que su relación con el 11-M
ha proporcionado mayor relevancia pública. Por dos veces, el Supremo anuló su
nombramiento como presidente de la Sala Penal de la Audiencia Nacional.
Desde ahí, se autodesignó para presidir el juicio. La mayoría conservadora del
CGPJ insistió tres veces en designarlo para el cargo, hasta que el Alto
Tribunal lo confirmó.
En diciembre, firmó
junto a vocales progresistas un manifiesto anti-PP promovido por Jueces para la Democracia , pese a que
él pertenece a la APM ,
que siempre apoyó su candidatura a la Sala Penal.
Su esposa, Elisa Beni,
vendió miles de copias de un libro que contaba interioridades del juicio y por
el que fue destituida como jefa de prensa del Tribunal Superior de Justicia de
Madrid.
El instructor del
sumario del 11-M, Juan del Olmo, disfruta ahora del tranquilo destino que él
quería: la Audiencia
de Murcia. Impidió la participación en la formación del sumario de las defensas
y de otra acusación que no fuese el Ministerio Fiscal. Después del juicio,
obtuvo de un permiso de cinco meses con todos los gastos pagados en París para
llevar a cabo un estudio que él mismo propuso argumentando su experiencia al
frente del 11-M.
LOS QUE SALIERON INTACTOS
MADRID.- Algunos altos
cargos policiales salieron intactos, pese a las evidentes negligencias que cometieron
antes o después de la matanza. El caso más claro es el del teniente coronel
Bolinaga, que era jefe de la
Comandancia de la Guardia Civil en Gijón. Fue destituido y,
después, sancionado por el Tribunal Supremo por ocultar al juez la cinta
encontrada en la localidad asturiana de Cancienes en la que el confidente
Lavandera revela, en el año 2001, que Toro y Trashorras traficaban con cientos
de kilos de dinamita y buscaban a alguien que supiera montar «bombas con
móviles». Se le buscó un destino tranquilo (Toledo). La única consecuencia que
sufrió por su actuación fue la pérdida de 10 días de sueldo.
JUAN JESÚS SÁNCHEZ MANZANO era el máximo
responsable de los Tedax en los atentados. Pese a las graves irregularidades en
su gestión y las contradicciones entre sus versiones en el Congreso y en el
juicio, el Gobierno le mantuvo en su puesto. Actualmente ya no ocupa la plaza
de jefe de los Tedax, pero sigue en la Policía
RODOLFO RUIZ era el comisario jefe de la comisaría de
Vallecas, donde apareció la polémica mochila. Fue juzgado por el caso de los
militantes del PP detenidos tras la presunta agresión a Bono en la
manifestación de la AVT.
Conservó su sueldo pese a la condena inicial.
elmundo.es Especial:
11-M, la sentencia.
REENCUENTRA A RAJOY EN UNA CENA DISCRETA
CARLOS SEGOVIA
El hasta ahora
director de Internacional de Repsol YPF mantuvo un cordial reencuentro con el
presidente del PP, Mariano Rajoy, en una discreta cena el pasado 20 de mayo.
Tuvo lugar en el
restaurante Nuevo Club de Madrid y Dezcallar formó parte de un grupo de
empresarios que tenía interés en escuchar a Rajoy tras las elecciones
generales.
Para Dezcallar fue,
según fuentes consultadas, la forma de recuperar relación con el sucesor de
José María Aznar tras el distanciamiento que se produjo a partir del 14-M de
2004. Dezcallar mantuvo apartes a solas con Rajoy, y los testigos pudieron
apreciar una buena sintonía entre ambos, que ahora le será útil, puesto que el
ex director del CNI sostiene que un puesto como el de embajador de España ante
EEUU es de Estado y que precisa el respaldo de los dos grandes partidos
españoles. Durante la cena, Dezcallar mostró apoyo a la línea moderada de Rajoy
y criticó los ataques que éste estaba recibiendo de la cadena Cope. Según
fuentes próximas a Dezcallar, éste cuestiona la línea del director de 'La Mañana', Federico
Jiménez Losantos, no sólo con Rajoy o con él mismo, sino con la figura del Rey.
Dezcallar ha contado
en su trayectoria profesional con respaldo de la Zarzuela. Sin él, es
difícil que hubiera sido embajador en Marruecos, director del CNI o embajador
en EEUU.
A la cena asistieron
también, entre otros, el presidente de FCC, Baldomero Falcones, el
vicepresidente de Acciona, Juan Ignacio Entrecanales o el presidente de Lehman
Brothers, Luis de Guindos. En ella, Rajoy ya dejó claro que quería seguir: «¿Y
por qué voy a facilitar una candidatura alternativa? ¿Es que vosotros daríais
facilidades a otra empresa para que os hiciera la competencia?».
EL GOBIERNO DEL PSOE
PREMIA CON LA EMBAJADA DE
WASHINGTON AL HOMBRE QUE INDUJO AL GOBIERNO DEL PP AL MAYOR PATINAZO DE LA HISTORIA DE NUESTRA
DIPLOMACIA
Dezcallar dijo a Ana
Palacio el 12-M que había acertado al acusar a ETA
FERNANDO MUGICA
MADRID.- El Gobierno
ha nombrado embajador en Washington al hombre que el 12 de marzo de 2004 avaló,
como director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), a la entonces ministra
de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, en su denuncia ante la ONU de que ETA era la autora
de los atentados del 11-M.
El mismo día de la
masacre, Palacio habló con Jorge Dezcallar al menos en siete ocasiones y
consiguió que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas suscribiera una clara
condena a la banda terrorista como responsable de los atentados.
Pocas horas después, a
las dos de la madrugada del día 12, la ministra despertó al director del CNI,
abrumada por la responsabilidad del paso que había dado en el Consejo de Seguridad.
Sigue en
A esas horas,
Dezcallar ya le había confirmado en varias ocasiones que la opinión del CNI se
inclinaba por ETA, y en esa conversación restó credibilidad a las pruebas
aparecidas que apuntaban a los islamistas.
Además, a primera hora
de la tarde había enviado una nota al Gobierno afirmando la casi seguridad de
la autoría de la banda. Es más, en el Centro Nacional de Inteligencia, y así se
lo hicieron saber a miembros del Gobierno, pusieron en duda, en las primeras
horas tras los atentados del 11-M, que los autores materiales a los que
señalaba la Policía
fueran los culpables de la masacre.
Jorge Dezcallar fue el
que más firmeza demostró en este sentido. Apostó fuerte porque conocía el
terreno que pisaba. Las redes islamistas que denunciaba la Policía estaban
absolutamente controladas por el CNI. Resultaba prácticamente imposible que les
hubiera pasado desapercibida una trama como la del 11-M. ETA estaba también
infiltrada, pero siempre podía haber un grupúsculo fuera de control. Los
razonamientos de sus analistas eran muy claros.
Los ordenadores del
CNI trabajaban sin descanso en aquellos primeras jornadas para cruzar los datos
de presos islamistas y etarras de cara a comprobar dónde, quiénes y cuándo
habían coincidido. La idea de una posible colaboración entre ambos grupos se
había extendido en los ambientes de Inteligencia en el último trimestre de
2003. A pesar de que fue la tesis defendida por Felipe González, nunca
consiguieron pruebas de que fuese cierto.
Ni Jorge Dezcallar, ni
Ana Palacio ni el ministro de Defensa, Federico Trillo, fueron convocados a las
primeras reuniones de crisis, tras los atentados. El director del CNI casi lo
agradeció.
Había salido ya a la
luz la furgoneta Kangoo, la que llevó, según la sentencia, a la pista islamista
por una cinta de audio con versículos del Corán. Aquello de la cinta le pareció
a Dezcallar una majadería y así se lo hizo saber a quien le preguntó. Desde el
primer momento, puso en duda que se encontraran allí detonadores y restos de
pólvora. ¿Qué clase de terroristas eran aquéllos? ¿Cómo dejaban esas trazas si
no se habían suicidado y, por tanto, podían seguir atentando? ¿O es que acaso
querían que la Policía
los detuviera? No tenía ni pies ni cabeza.
Por eso puso tanto
énfasis al declarar: «Yo me he enterado de su existencia por los medios».
Quería marcar distancias.
Su información al
Gobierno avaló la iniciativa de Palacio ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Los firmantes de la
declaración representaban a los nueve países más poderosos y, por tanto, con
los mejores servicios secretos del mundo.
De hecho, la ministra
ya había hablado por teléfono con el secretario de Estado estadounidense, Colin
Powell, y la consejera de Seguridad, Condoleezza Rice, quienes le aseguraron no
tener ningún dato de que Al Qaeda estuviera detrás de los atentados. Palacio
era consciente de que el Consejo no había firmado la resolución por sus dotes
de convicción o por su predicamento, sino porque los informes secretos de los
nueve países coincidían en aquellas primeras horas: tenía que haber sido ETA.
La resolución se tomó
por unanimidad. Si hubiera habido cualquier duda en alguno de esos países no
habría salido adelante, dijera lo que dijera la ministra española.
Sin embargo, en la
madrugada del 12-M la ministra no podía dormir. Estaba en juego no sólo el
prestigio del Gobierno de España, sino también el suyo propio. Y es que un
detalle le había desasosegado por la tarde. Era amiga del director de The Wall
Street Journal desde hacía tiempo y por eso consideró que podía ser apropiado
enviarle un artículo, firmado por ella, en el que se destacara la gravedad de
lo sucedido y la monstruosidad que, en teoría, había cometido la banda etarra.
Poco después de que se lo mandara, le llamó el propio director del diario para
decirle: «Somos amigos desde hace tiempo. Por tu propio bien no vamos a
publicarlo. Tenemos informaciones de que ha sido cosa del terrorismo islámico».
Palacio le contestó,
algo molesta, que comprendía que a los americanos les viniera bien que la
autoría fuese islamista. Era un año de elecciones en Estados Unidos y la Administración Bush
estaba encantada de airear las maldades de Al Qaeda para recordar a sus
votantes los atentados del 11-S, en Washington y Nueva York.
El director le dio
algunos detalles que nadie podía saber entonces. Le explicó que ellos tenían
sus propias informaciones, que iba a surgir una reivindicación islamista en
Londres y que le hiciera caso.
Ana Palacio seguía
dándole vueltas a todo aquello a las dos de la madrugada, casi a la misma hora
en que teóricamente encontraban en la comisaría de Puente de Vallecas la
mochila que sería determinante para que la Policía afirmara la culpabilidad de los que en
pocas horas serían detenidos.
La ministra tenía una
enorme consideración profesional hacia Jorge Dezcallar. Conocía la frialdad
atinada de sus análisis, sobre todo en momentos de crisis. Por eso le llamó
nuevamente y le sacó de la cama. Ya antes había hablado con él de la aparición
de la furgoneta Kangoo en Alcalá, a la que Dezcallar le había quitado cualquier
importancia.
Palacio le dejó claro
que le llamaba como responsable del CNI y como experto. Le pedía información de
forma oficial. Quería argumentos de autoridad. Dezcallar le tranquilizó por
enésima vez de forma tajante: «En este tipo de atentados existe lo que nosotros
llamamos ruido en el sistema. A veces estas informaciones no se saben analizar
adecuadamente hasta que el hecho ha sucedido. Te puedo asegurar que he hablado
con todos los servicios de Inteligencia importantes y nadie ha oído ningún
ruido sobre este atentado concreto».
El CNI supo
inmediatamente que Tel Aviv opinaba que el rey de Marruecos tenía la suficiente
soberbia e infantilismo como para ser sospechoso, pero que aquello le
sobrepasaba. No hubiera sido capaz, según los expertos israelíes, de dominar la
estrategia y las consecuencias.
Dezcallar le insistió
a Ana Palacio que alrededor de los atentados había un black out (oscuridad)
total -fueron sus palabras textuales-. Por supuesto que el 27 de octubre de
2003 el CNI ya había avisado en un documento de la creciente hostilidad de Al
Qaeda hacia España y la posibilidad de que hubiera en nuestro país células
durmientes. Pero le añadió que los que se habían hecho responsables de las
explosiones a través de un periódico en árabe editado en Londres eran unos
cantamañanas sin credibilidad, y le citó el ejemplo de que habían reivindicado
también el apagón de Nueva York. Le dejó meridianamente claro que, aunque a
esas horas no descartaban ninguna posibilidad, ellos se inclinaban mayoritariamente
por ETA. Podía tirarse tranquilamente a la piscina.
La ministra se fiaba
absolutamente del criterio de Dezcallar. Sabía que el CNI tenía perfectamente
controlada la red de marroquíes y argelinos que se movían por los locutorios de
Lavapiés. Las credenciales del servicio secreto para dominar el terreno no
podían ser mejores. Jorge Dezcallar, el primer civil nombrado como director del
Centro, en 2001, y el primero que ostentó el cargo de secretario de Estado, era
un verdadero especialista en el Magreb.
Había llegado de la
mano del Rey. No era un hombre de Aznar, pero éste no dudaba de su competencia
en materia de terrorismo islamista. La ministra conocía que acababa de
simultanear el cargo de embajador en Rabat con el de jefe de antena del CNI en
Marruecos. No era un paracaidista. Llevaba muchos años en esos menesteres.
Y con esa tranquilidad
se metió la ministra, definitivamente, en la cama. Antes de dormirse, Ana
Palacio enumeró mentalmente todas las veces que Dezcallar había asegurado, en
las últimas reuniones mensuales de seguridad, los seguimientos en Lavapiés y en
las mezquitas, la infiltración en asociaciones y pisos dormitorio, el control
en locutorios, carnicerías y peluquerías. Tenían a sueldo a los individuos más
destacados en relación a las corrientes islámicas radicales.
Por eso, tras los
atentados del 11 de Marzo produjo estupor a los responsables de la Inteligencia la
inmediata captura de los responsables y la aparición fulgurante de las pruebas
en el mismo entorno que ellos más controlaban.
Sea como fuere, quien
podía tener información más exacta sobre el tema llevó esa noche a la ministra
por el camino contrario al que en pocas horas se consolidaría como verdad
oficial incuestionable. La propia ministra reconocería más tarde que al Gobierno
le habían proporcionado las Fuerzas de Seguridad -sin referirse a nadie en
concreto- informaciones «no veraces e incompletas».
No caben más que dos
explicaciones. O Dezcallar mentía abiertamente, cosa que nadie puede pensar en
su sano juicio, o decía la verdad y después no tuvo más remedio que adaptarse a
la postura oficial, por las razones de Estado que unificaron todos los
criterios.
Dezcallar demostró
mala memoria al declarar ante la
Comisión del 11-M del Congreso en julio de 2004. Desmintió,
eso sí, que hubiera habido imprevisión de la Inteligencia española
respecto a un posible ataque islamista y se desvinculó de la autoría de Al
Qaeda. Pero, al contrario de lo que había asegurado a la ministra de
Exteriores, explicó que la pista etarra se fue disipando por las pruebas que
fueron apareciendo, como la furgoneta de Alcalá, la tarjeta telefónica y la
reivindicación a través de una cinta de vídeo.
Afirmó también que el
CNI había quedado «fuera de juego» en las primeras investigaciones del Gobierno
sobre los atentados y que no fueron invitados a ninguna reunión hasta el día 16
de marzo. Dejó patente, tras los atentados, que el Gobierno y la Policía habían marginado
al CNI de sus primeras investigaciones.
A Dezcallar le
ascendieron muy pronto, en junio de 2004, a las alturas vaticanas como
embajador. En Roma vivió momentos angustiosos, como la muerte de su mujer, y
momentos de alegría, como la boda de su hija. En realidad, no era un ascenso.
Suponía el fin de su carrera profesional en Inteligencia. En el semestre
anterior habían matado a todos sus hombres en Irak. Desde el 11-M, tendría que
soportar para siempre la pesada carga de no haber sido capaz de evitar los
terribles atentados.
Le sirvió de consuelo
que el día que se marchó del Centro, y a pesar de los compañeros asesinados en
Irak, recibió la más estruendosa ovación que se había escuchado nunca. Como
buen profesional, todos los secretos, incluidos los del 11-M, se los llevará a
la tumba. Resulta paradójico que al hombre al que los terroristas vencieron en
su propio terreno de forma tan ostentosa el Gobierno le premie ahora con el
puesto más prestigioso que puede alcanzar un diplomático.
A su número dos, María
Dolores Villanueva, la mujer que más alto había llegado en el servicio secreto,
el Gobierno entrante le reservaba un destino más desagradable. Se enteró de su
cese cuando una mañana llegó a su despacho y, al intentar abrir su ordenador,
se dio cuenta de que le habían clausurado las claves para llegar a los informes
delicados.
Junio/1978 - Julio/82
José Lladó y Fernández-Urrutia: fue ministro de Transportes y Comunicaciones.
Julio/1982 -
Febrero/1983 Nuño Aguirre de Cárcer: era embajador en Bélgica y ante el Consejo
del Atlántico Norte.
Febrero/1983 -
Enero/1987 Gabriel Mañueco: era secretario de Estado de Exteriores.
Enero/1987 -
Marzo/1990 Julián Santamaría Ossorio: era director del Centro de
Investigaciones Sociológicas (CIS).
Marzo/1990 -
Junio/1996 Jaime de Ojeda y Eiseley: era embajador de España ante la OTAN.
Junio/1996 -
Junio/2000 Antonio de Oyarzábal Marchesi: era embajador en Dinamarca.
Junio/2000 -
Junio/2004 Francisco Javier Rupérez Rubio: fue embajador de España ante la OTAN.
Junio/2004 -
Junio/2008 Carlos Westendorp y Cabeza: fue ministro de Asuntos Exteriores.
11-M / LOS PROTAGONISTAS
ASCENSOS, PROMOCIONES Y SUBIDAS DE SUELDO
LOS CARGOS QUE MANEJABAN LA INFORMACIÓN RELEVANTE
DEL 11-M MEJORARON SU SITUACIÓN PROFESIONAL CON EL GOBIERNO DEL PSOE
EL MUNDO
MADRID.- El
nombramiento de Jorge Dezcallar como embajador de España en Washington y
representante diplomático del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ante la Administración Bush
es el último y el más representativo de una cadena de ascensos, promociones y
subidas de sueldo con los que el Ejecutivo socialista ha recompensado a algunos
cargos que tuvieron una participación relevante en la gestión de la información
vinculada a los atentados del 11-M.
Cada uno de los
destacados junto a estas líneas tuvieron acceso, antes, durante o después de la
matanza, a datos, documentos o informes cuyo conocimiento podía haber
facilitado una determinada estrategia de acción política y de control de la
opinión pública. La información fue un factor que el PSOE manejó con indudable
éxito para obtener la victoria en los comicios generales de 2004 y para
consolidar determinadas convicciones en la legislatura que siguió. Quizá sea
una casualidad, pero todos ellos han promocionado personal o profesionalmente.
En algunos casos, como
el de Telesforo Rubio o Félix Hernando, todos los caminos conducen además a
señalar los indudables indicios que les vinculan con el Partido Socialista. El
primero se negó a contestar en la
Comisión de Investigación del Congreso si había participado
en la elaboración del programa electoral del PSOE; tras el 11-M, fue ascendido
a Comisario General de Información para coordinar todas las investigaciones que
se incorporaron al sumario de la matanza, y ahora disfruta en Moscú de uno de
los destinos mejor pagados de la
Policía.
El reciente ascenso a
general de Félix Hernando es un caso palmario de que los servicios se pagan.
Estrecho colaborador de la cúpula de Interior condenada por los GAL, fue
juzgado (y absuelto) por llevar a Suiza maletines con fondos reservados a las
esposas de Amedo y Domínguez. Después aparece en el 11-M como máximo
responsable de la UCO ,
encargada de controlar a uno de los personajes clave: Rafá Zouhier, que podía
proporcionar información tanto de la banda de El Chino como de la trama
asturiana. En el juicio, los responsables de la Comandancia de Oviedo
acusaron a Hernando de mentir cuando intentó lavarse las manos.
Otros cargos no han
recibido prebendas tan evidentes, pero también se han visto beneficiados. Es el
caso de Carlos Corrales, que era el máximo responsable de la Comisaría General
de Policía Científica. Fue el encargado de dirigir las investigaciones sobre
los explosivos y, entre otros puntos, sobre la polémica furgoneta Kangoo. Ahora
está en el Consejo Asesor de la
Policía.
En la carrera fiscal
también ha habido quien ha crecido. La misma Olga Sánchez, por ejemplo,
ascendida al Supremo. O Pedro Martínez Torrijos, el fiscal del caso del ácido
bórico, que ha realizado una auténtica defensa de los mandos que manipularon un
informe para evitar que en el sumario se vinculase a ETA con el 11-M, aunque
fuese muy colateralmente. Antes, representó al Ministerio Público en el caso de
las sedaciones del hospital Severo Ochoa de Leganés, también para pedir la
absolución del doctor Montes. Ahora, Martínez Torrijos ha ascendido a la Audiencia Nacional.
JORGE DEZCALLAR
Era el director de los
servicios de Inteligencia cuando tuvo lugar la Guerra de Irak, cuando
siete agentes del CNI fueron asesinados en una emboscada en Bagdad y cuando se
produjo el 11-M. En la
Comisión de Investigación, reveló datos que fueron utilizados
para criticar al ex presidente Aznar (como que el CNI barajó desde el principio
la pista islamista o que se les dejó «fuera de juego» en la investigación).
Tras la victoria electoral de Zapatero, fue designado embajador en El Vaticano,
uno de los destinos de mayor prestigio. Después, fue director internacional de
Repsol YPF y ahora, embajador en Estados Unidos, la más importante de las
misiones diplomáticas.
OLGA SANCHEZ
La fiscal del 11-M se
volcó más allá de su obligación profesional en la defensa de las tesis
oficiales y en el ataque, en ocasiones, a las discrepantes. La que ella
representaba fue la única parte que pudo participar en la formación del sumario
de la matanza, proponiendo, impulsando y supervisando pruebas, ya que el juez
Del Olmo mantuvo el secreto hasta el final de la investigación. Fracasó en su
intento de vincular la matanza a la red islamista Al Qaeda a través de tres
supuestos líderes intelectuales, que resultaron absueltos, pero, aun así, fue
ascendida después del juicio a la
Fiscalía del Tribunal Supremo, puesto al que aspiraba desde
hacía años.
JOSE MANUEL GARCIA VARELA
Era el responsable de
los servicios de Información y la Policía Judicial de la Guardia Civil en el
11-M. Ahora, ascenso tras ascenso, ocupa la dirección adjunta y la subdirección
operativa del Instituto Armado. Es el máximo responsable de la Guardia Civil , sólo
por debajo del mando único. En la
Comisión de Investigación, descartó que pudiese existir
ningún vínculo entre ETA y el comando islamista que perpetró los atentados,
aunque también reveló que, en los días previos a las elecciones, nunca se
descartó del todo la pista etarra, y que la islamista no fue prioritaria hasta
el mediodía del 13-M.
FELIX HERNANDO
Dirigía la Unidad Central
Operativa (UCO) de la
Guardia Civil en el 11-M. Rafá Zouhier, condenado por poner
en contacto a Emilio Suárez Trashorras con la banda de El Chino, era uno de sus
informadores. Ha sido ascendido hace unos días por decisión del ministro del
Interior Alfredo Pérez Rubalcaba, ahora que ocupa de forma interina la cartera
de Defensa. Un informe de la
Comandancia de Oviedo acusa a Hernando de mentir en el juicio
y en la Comisión
parlamentaria cuando dijo que dejó de investigar la trama de los explosivos en
2003. Fue juzgado y absuelto por entregar maletines con fondos reservados de
Interior a las esposas de Amedo y Domínguez.
MARIANO RAYON
El día del atentado
era el comisario responsable de la Unidad Central de Información Exterior (Ucie),
encargada de investigar las tramas islamistas. Su unidad fue la que se hizo
cargo de las investigaciones sobre los atentados tras descartarse la pista de
ETA. Fueron sus subordinados los que localizaron al ahora condenado Emilio
Súarez Trashorras como implicado en la trama. En el juicio reconoció que el
seguimiento a El Tunecino se mantuvo hasta el mismo 11-M. Tras las elecciones
fue enviado a trabajar a una embajada, la de Roma, una de las mejor valoradas.
Es uno de los responsables policiales de la etapa anterior que mejor salieron
parados.
MIGUEL ANGEL SANTANO
Era el responsable de la Policía Científica
de Madrid. Como tal, su equipo recibió y analizó la polémica furgoneta Kangoo,
donde aparecieron las primeras pruebas que empezaron a inclinar la opinión
pública a decantarse por la pista islamista. Tras las elecciones de 2004
ascendió y ahora ocupa el máximo rango dentro de la Comisaría General
de Policía Científica. Cuando ya ocupaba este cargo, varios mandos a sus
órdenes manipularon un informe que se iba a incorporar al sumario de la matanza
para evitar una mención que vinculaba colateralmente a ETA con el 11-M. Por
ello, está pendiente de sentencia en el caso del ácido bórico.
TELESFORO RUBIO
Era un comisario zonal
de Madrid. Tras el 11-M, pasó a hacerse cargo de la Comisaría General
de Información, desde donde pilotó todas las investigaciones policiales sobre
la masacre tras las generales. Apenas un mes después de acceder al cargo,
compareció ante la Comisión
parlamentaria. Se negó a aclarar si preparó en la sede del PSOE su
comparecencia y si había participado en la elaboración de una parte del
programa electoral de los socialistas. También se le relaciona con el chivatazo
a la trama de extorsión de ETA. Ahora ha sido destinado a la embajada de España
en Moscú como agregado de Interior, uno de los destinos mejor pagados en la Policía.
PEDRO LAGUNA
Era coronel y jefe de la Guardia Civil de
Asturias cuando estalló el 11-M. Fue ascendido a general por el Gobierno del
PSOE, poco después de que se cerrara la Comisión de Investigación del Congreso. Es el
actual responsable de la
Guardia Civil en Castilla y León. La Unidad Central
Operativa (UCO) le remitió en 2003 un informe sobre la trama de los explosivos
que controlaban Toro y Trashorras, pero él decidió no investigarlo, sin
transmitirlo a sus subordinados. El documento sólo fue revelado meses después
del 11-M, ya después de que Laguna hubiese abandonado su destino en Asturias.
DOS JUECES Y DOS ESTILOS
MADRID.- El juez
Javier Gómez Bermúdez es, sin duda, la persona a la que su relación con el 11-M
ha proporcionado mayor relevancia pública. Por dos veces, el Supremo anuló su
nombramiento como presidente de la Sala Penal de la Audiencia Nacional.
Desde ahí, se autodesignó para presidir el juicio. La mayoría conservadora del
CGPJ insistió tres veces en designarlo para el cargo, hasta que el Alto
Tribunal lo confirmó.
En diciembre, firmó
junto a vocales progresistas un manifiesto anti-PP promovido por Jueces para la Democracia , pese a que
él pertenece a la APM ,
que siempre apoyó su candidatura a la Sala Penal.
Su esposa, Elisa Beni,
vendió miles de copias de un libro que contaba interioridades del juicio y por
el que fue destituida como jefa de prensa del Tribunal Superior de Justicia de
Madrid.
El instructor del
sumario del 11-M, Juan del Olmo, disfruta ahora del tranquilo destino que él
quería: la Audiencia
de Murcia. Impidió la participación en la formación del sumario de las defensas
y de otra acusación que no fuese el Ministerio Fiscal. Después del juicio,
obtuvo de un permiso de cinco meses con todos los gastos pagados en París para
llevar a cabo un estudio que él mismo propuso argumentando su experiencia al
frente del 11-M.
LOS QUE SALIERON INTACTOS
MADRID.- Algunos altos
cargos policiales salieron intactos, pese a las evidentes negligencias que cometieron
antes o después de la matanza. El caso más claro es el del teniente coronel
Bolinaga, que era jefe de la
Comandancia de la Guardia Civil en Gijón. Fue destituido y,
después, sancionado por el Tribunal Supremo por ocultar al juez la cinta
encontrada en la localidad asturiana de Cancienes en la que el confidente
Lavandera revela, en el año 2001, que Toro y Trashorras traficaban con cientos
de kilos de dinamita y buscaban a alguien que supiera montar «bombas con
móviles». Se le buscó un destino tranquilo (Toledo). La única consecuencia que
sufrió por su actuación fue la pérdida de 10 días de sueldo.
JUAN JESÚS SÁNCHEZ MANZANO era el máximo
responsable de los Tedax en los atentados. Pese a las graves irregularidades en
su gestión y las contradicciones entre sus versiones en el Congreso y en el
juicio, el Gobierno le mantuvo en su puesto. Actualmente ya no ocupa la plaza
de jefe de los Tedax, pero sigue en la Policía
RODOLFO RUIZ era el comisario jefe de la comisaría de
Vallecas, donde apareció la polémica mochila. Fue juzgado por el caso de los
militantes del PP detenidos tras la presunta agresión a Bono en la
manifestación de la AVT.
Conservó su sueldo pese a la condena inicial.
elmundo.es Especial:
11-M, la sentencia.
REENCUENTRA A RAJOY EN UNA CENA DISCRETA
CARLOS SEGOVIA
El hasta ahora
director de Internacional de Repsol YPF mantuvo un cordial reencuentro con el
presidente del PP, Mariano Rajoy, en una discreta cena el pasado 20 de mayo.
Tuvo lugar en el
restaurante Nuevo Club de Madrid y Dezcallar formó parte de un grupo de
empresarios que tenía interés en escuchar a Rajoy tras las elecciones
generales.
Para Dezcallar fue,
según fuentes consultadas, la forma de recuperar relación con el sucesor de
José María Aznar tras el distanciamiento que se produjo a partir del 14-M de
2004. Dezcallar mantuvo apartes a solas con Rajoy, y los testigos pudieron
apreciar una buena sintonía entre ambos, que ahora le será útil, puesto que el
ex director del CNI sostiene que un puesto como el de embajador de España ante
EEUU es de Estado y que precisa el respaldo de los dos grandes partidos
españoles. Durante la cena, Dezcallar mostró apoyo a la línea moderada de Rajoy
y criticó los ataques que éste estaba recibiendo de la cadena Cope. Según
fuentes próximas a Dezcallar, éste cuestiona la línea del director de 'La Mañana', Federico
Jiménez Losantos, no sólo con Rajoy o con él mismo, sino con la figura del Rey.
Dezcallar ha contado
en su trayectoria profesional con respaldo de la Zarzuela. Sin él, es
difícil que hubiera sido embajador en Marruecos, director del CNI o embajador
en EEUU.
A la cena asistieron
también, entre otros, el presidente de FCC, Baldomero Falcones, el
vicepresidente de Acciona, Juan Ignacio Entrecanales o el presidente de Lehman
Brothers, Luis de Guindos. En ella, Rajoy ya dejó claro que quería seguir: «¿Y
por qué voy a facilitar una candidatura alternativa? ¿Es que vosotros daríais
facilidades a otra empresa para que os hiciera la competencia?».
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