SE LLAMABA MARINO BARBERO. ERA
CATEDRÁTICO DE DERECHO PENAL Y
TERMINÓ
COMO MAGISTRADO DEL SUPREMO.
Era de los llamados ‘progresistas’ y tenía un enorme defecto: creía en la Justicia. Le cayó encima el expolio socialista de Filesa y aquello fue su ruina. El Gobierno de González, o sea los que habían urdido el robo, lo vejaron, lo insultaron, lo persiguieron y le provocaron un infarto del que murió. La historia queda para las grandes abyecciones de ese partido honrado que dice llamarse PSOE o cosa así. Ahora está haciendo lo mismo con la juez Cillán, que investiga de nuevo el 11-M. El sábado, en un acontecimiento deportivo, escuché en unos urinarios (el lugar da mucho de sí) decir a un socialista de los que ya se van: “La tía gorda esa pretende que nosotros matamos a 194 personas”. No es eso: pretende la verdad, y a Zapatero y su cuadrilla no les gusta nada.
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